JEFE VS. LÍDER, EL ANTIGUO DEBATE

jefe vs lider el eterno debate

«Pues no tendrán fin las calamidades de los pueblos mientras los filósofos no sean reyes o los reyes no se hagan filósofos» (Platón)

Puedes encontrar en las redes sociales miles de posts sobre el debate entre Jefe y Líder.

Es una discusión habitual en todos los campos empresariales y de negocios, y pareciera que es una discusión moderna, pero no lo es tal.

El tema del liderazgo es muy antiguo.

Tanto como la humanidad.

Aunque no tenemos que remontarnos tanto.

Para ello es siempre bueno recordar cómo se entendía este debate en la antigua Roma.

Al respecto, los romanos y los griegos tenían más que claro el concepto de cómo debían ser los hombres que debían de dirigir a la polis.

De hecho pensaban que para que el gobernante fuera digno de tal nombre y posición, su tarea política era sobre todo un deber hacia sus ciudadanos, una responsabilidad social basada en un espíritu de servicio.

Un líder político, según Socrates, debe no solo ser justo sino también hacer a los hombres mejores.

Todo ello muy relacionado con las ideas modernas de cómo debe de ser un líder.

Vamos a ello.

Los romanos distinguían entre “auctoritas” y “potestas”

Potestas era el poder que se poseía por el cargo político. Era dado, y dicha potestas duraba lo que duraba dicho cargo, dicho poder.

Igual que un jefe en una compañía. Es un poder formal.

Los subordinados obedecen a ese poder, a ese potestas, pero no realmente a la persona en sí, que no tenía el respeto que pudiera tener el que tuviera “auctoritas”.

El auctoritas es un poder y reconocimiento moral y se gana por el reconocimiento de los demás, que le otorgan su respeto y admiración.

Equilicuá, un líder.

Ejemplos de potestas fueron los magistrados y consules romanos, aunque también era extensible al “pater familias” en el ámbito doméstico.

En contraposición a este poder reconocido, el auctoritas tiene una legitimación social que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos.

Ostenta la auctoritas aquella personalidad o institución, que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión, la cual es de índole moral muy fuerte.

Al respecto, el senado romano ostentaba esta auctoritas. El poder de los expertos, de los ilustres, frente al poder legal de los magistrados.

En definitiva, una cosa es tener el poder formal y otra el poder moral.

La potestas te la pueden dar, pero la auctoritas te la tienes que ganar.

Como por ejemplo los generales romanos victoriosos, que se habían ganado dicha auctoritas entre sus legiones en el campo de batalla.

Y posiblemente en esa dualidad está la respuesta a la discusión actual entre jefe vs líder:

Un jefe tiene potestas, pero no auctoritas.

Un líder debe tener ambas, tanto potestas como auctoritas.

Si el líder solo tuviera auctoritas, pero no potestas, su capacidad real para mover a los demás o hacer que los temas importantes avancen, sería muy limitada o casi nula, aunque por supuesto hay casos y excepciones en todos los ámbitos.

Podemos también resumirlo en que no todos los jefes son líderes, y no todos los líderes son jefes.

Un jefe puede ser el representante de la compañía pero no necesariamente el líder. Tiene capacidad legal para que se cumplan sus decisiones, pero no significa que dichas decisiones sean aceptadas por todos de buena gana. Potestas es el poder que emana del cargo y está directamente relacionado con la fuerza, con la imposición basada en el temor al castigo.

La auctoritas en cambio se ejerce con flexibilidad, diálogo y contando con las opiniones de los demás.

Dentro del mundo empresarial,  el líder es pues capaz de dirigir a todos los demás como un equipo de trabajo homogéneo y motivarles de forma constructiva para cumplir exitosamente con los objetivos y visión del negocio.

El líder orienta en la toma de decisiones desde el consejo y la experiencia, no desde el mandato y la fuerza.

Entre otras muchas cosas, el líder escucha, dialoga, genera confianza e inspiración, promueve la colaboración, se interesa por las personas y necesidades de todos, potencia las habilidades de quienes le rodean para  hacer mejor al equipo, y provoca en definitiva que  todos quieran seguirle.

Para poder desempeñar dicho liderazgo, debe ser capaz de ganar credibilidad frente al grupo en base a una serie de cualidades que debe mostrar: ejemplaridad, integridad, coherencia, confianza, conocimientos técnicos, preparación, experiencia, etc.Debe también mostrar aptitudes para ejercer el liderazgo, mediante el uso de habilidades de comunicación personal, su propio lenguaje no verbal y su comportamiento.

Y  combinando todo ello, debe ser capaz de alcanzar el objetivo encomendado.

Así pues, cuando hablamos de un auténtico líder es porque auna ambas cualidades, potestas y auctoritas.

Para ganarse el auctoritas se requieren años de trabajo, demostrando dicha experiencia y valía profesional, con un conocimiento profundo de la materia o labor específica y con mucha capacidad para ganarse dicha legitimidad por sus compañeros, subordinados y resto del personal de una empresa.

El debate entre Jefe vs. Líder posiblemente seguirá en las redes.

Pero los romanos nos dieron ya una pista para terminarla.

O para continuarla.

De ti depende.

De si buscas solo tener potestas.

O gozar de auctoritas.

Tanto en tu trabajo como en tu vida.


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