EL ENGAÑO DEL FALSO DESCUENTO (O CÓMO LLAMAR TONTOS A TUS CLIENTES)

falsos descuentos

Esto es una historia real que os puede pasar también a vosotros.

El lugar, una clínica dental (de esas de franquicia) que presumía en su entrada de hacer hasta un 20% de descuento en su promoción actual.

Ya el “hasta” me hacía dudar y me ponía nervioso y desconfiado.

En realidad siempre lo hace, es verlo y me pone a la defensiva (a mí y a muchos clientes ya escamados al respecto), algo que se lo tendrían que hacer mirar los que usan y abusan de ese “hasta”.

Entramos, pedimos presupuesto, y para quitarme esas dudas, pregunto al respecto y sí, nos aseguran que nos harán dicho 20%.

Que tienen ahora esa promoción. Que es un 20% de descuento, que no va a ser menos. Que somos estupendos.

Bueno, parecía que por lo menos el “hasta” ya no era un problema.

Hacemos la revisión dental para confirmar los trabajos que había que hacer, nos hacen un presupuesto escrito, y empiezo a leerlo.

Y como eran dos trabajos dentales distintos, habían aplicado 10% de X y otro 10% en Y, un 10% en cada uno de ellos sobre el precio inicial de lista, para luego sumar el total.

Como te puedes imaginar, mi cara era una mezcla de sorpresa y un poco de indignación.

Aún así, amablemente, les indico que no habían aplicado el 20% como habían prometido.

Pero la chica estaba convencida que sí, que habían aplicado, según ella, un 10%+10%, y que eso era en total un 20%…

En fin. 😥

Adivina a quién le hacía falta unas clases de mates básicas.

O se hacía la tonta, y si cuela, cuela.

Por esa misma regla de tres, si fueran 10 tratamientos y hacen un 10% de cada uno, llegamos al absurdo de que hacen un 100% de descuento, ¡viva, todo gratis! 😎

El caso es que no hubo manera de convencerla de que eso no era un 20% de descuento, tal como defendía.

Pero su problema, aparte de la ignorancia, era que seguía instrucciones de sus jefes, que le habían dicho que había que aplicar así los descuentos.

Jefes que piensan que sus clientes son zombis.

Por supuesto, no volvimos y desestimamos la “oferta”.

Ni volveremos.

Ni recomendaremos el sitio.

Aunque sí me dejaron con la boca abierta 😱.

En conclusión: no uséis trucos matemáticos para engañar a vuestros clientes.

Aparte de que es publicidad engañosa, dañan la imagen, la reputación y las ventas futuras.

Los clientes no son tontos. En general, me refiero, aunque puede que a alguno engañes.

Pero no se trata de eso.

A la larga se enteran de que les has timado.

Y además se lo cuentan a su familia, a sus amigos, a sus contactos de Facebook, a sus compañeros de trabajo, al lotero de la esquina, al carnicero, al frutero y hasta… a su dentista habitual. A ese de toda la vida, el de confianza.

De eso sí se trata.

Para los que no creen que tienen zombis como clientes (y mejor para los que lo creen), éste sería un buen tratamiento inicial.


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